Una relación en la que ambos ganan: vida de lujo

Vida de lujo: la mujer seduce al hombre con su juventud y los encantos físicos que la acompañan y, a cambio, recibe apoyo económico o material. Así se podría generalizar, con desenfado, la típica relación sugar daddy/sugar baby. Pero no es tan sencillo. Al menos no para la mujer.

Sugar baby: vida de lujo

Una sugar baby es una mujer joven que utiliza sus encantos de forma seductora para disfrutar de una vida agradable y sin preocupaciones. A la caza de un mecenas, o, dicho de forma algo más de cuento de hadas, de un príncipe, está dispuesta a asumir el papel clásico de la mujer y a ocuparse única y exclusivamente del bienestar de su hombre. ¡Que tiene que estar guapa es algo que se sobreentiende!

Sugar daddy: vida de lujo

[caption id="attachment_1166" align="alignnone" width="300"]Sugar baby: vida de lujo Sugar baby: vida de lujo[/caption]

Un sugar daddy es un hombre de mediana edad o mayor que aprovecha su estatus social o su superioridad económica dentro de nuestra sociedad para comprarse el favor de una pareja, por lo general mucho más joven.

Complejo paterno frente a vida de lujo:

¡Atención! Por muy antinatural o cargada de prejuicios que pueda parecerle a alguno una relación sugar daddy/sugar baby, conviene distinguir lo siguiente: no siempre son los viajes de lujo o los regalos caros lo que lleva a una mujer a involucrarse con un hombre mayor. Muchas mujeres simplemente no tienen interés en hombres de su edad. Buscan a un protector. Alguien en quien puedan confiar, que esté ahí cuando lo necesitan. Desean seguridad y protección. Un hombre que ha vivido cosas y que, por tanto, tiene también algo que contar. ¡Cuántas veces se oye en este tipo de relaciones la frase: «¡Pero si podría ser su padre!». Sí, podría. ¿Y qué? Quizá es justo lo que ella busca. Quizá está harta de todos los estereotipos de su edad. Ese ejército de clones con el pelo engominado y barba hipster, sin un solo vello en el cuerpo. En cualquier caso, en una relación sugar daddy/sugar baby debería regir el mismo principio que en todas las demás: lo principal es que los implicados sean felices. Y si, además de otros motivos, el amor también juega un pequeño papel: ¡mejor aún!